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La alegría en el sermón del monte.

Las Bienaventuranzas: Felices son ustedes!!!  Mateo 5:1-12

El griego, la palabra “makarios” identifica una emoción de alegría y sumo gozo. Es como decir, ¡Muy felices son ustedes!

Jesús comienza el más grade de todos los sermones predicados con estas declaraciones. Jesús sabe que su país no está en un buen momento. Él sabe que los Romanos están ahogando con impuestos que dejan a más y más familias sin sus tierras. Eso está provocando que muchos hijos de campesinos, hastiados de ver a sus Padres morir desangrando sus bienes en manos de extranjeros, se vuelvan Zelotes y se instalen a las afueras de los caminos para robar lo que ellos piensan les pertenece.

Jesús sabe que el partido de los saduceos solo es un partido que se acomodó a las regalías del Imperio, que no responden ni son cercanos a la gante que muere de hambre y de justicia.

Jesús sabe que los vientos de revolución se sienten en el ambiente, que la gente está acumulando una medida de odio insoportable hacia los Romanos.

Jesús sabe que el grupo religioso que más podría dar un mensaje reconciliación y amor, por su cercanía al pueblo, son los Fariseos. Pero ellos se han transformado en un grupo Fundamentalista que promueve más la discriminación, el odio y el rechazo.

En nombre de un Dios de venganza y de Juicio, un Dios intransigente que deja fuera de su Reino a la mayoría de las personas que no cumplen la Ley de Moisés al pie de la letra, este grupo de religioso infunde un terrible miedo en la Fe de las personas que ya tienen motivos suficientes para temer, dudar, odiar y enloquecer.

Jesús sabe que su pueblo está craquelado, fisurado hasta las raíces últimas de su identidad.

Aparece Juan desde el desierto predicando a un Dios del Juicio y aun Mesías que viene con el “hacha” en la mano dispuesto a establecer el castigo divino.

La gente quiere escuchar un mensaje esperanzador, porque es lo único que puede darles fuerzas  en medio de esta crisis tremenda.

Y ahí está Jesús, mirando a la multitud.

Desde el monte, él deja a todos venir, tanto sus discípulos como la multitud que lo sigue.

En el Sinaí, Moisés estableció límites para que nadie se acerque a Dios, excepto Él. Ahora Jesús no pone límites ni vallas. Dios está disponible para todos.

Comienza su mensaje con esta invitación. “Dichosos sean ustedes…”

Las bienaventuranzas no son una invitación a una alegría para el otro mundo. Son una invitación a ser felices ahora.

Tampoco son una clave para la felicidad individual, todo el sermón del monte está escrito para una comunidad. La verdadera felicidad no está necesariamente en solo tener una paz individual, sino vivir una realidad de bienestar y solidaridad comunitaria. ¿Para eso es la iglesia no?

No es la intención de este artículo hacer un trabajo exhaustivo del sermón del monte, pero me atrevo a dar algunas claves para entender este tipo de felicidad que propone Jesús.

La primera y penúltima Bienaventuranza tiene como promesa “El Reino de Dios” y sirven como paréntesis de las seis bienaventuranzas que se encuentran en el medio.

Las seis bienaventuranzas que están en el medio están divididas en dos grupos de tres. Las tres primeras. Pobreza, Lloro, mansedumbre, responden a circunstancias negativas que viven los discípulos. Las otras tres, misericordia, limpieza de corazón y paz, responden a obras positivas que realizan los discípulos.

La última bienaventuranza sirve como epílogo a los discípulos que están siendo perseguidos.

Cuando Jesús promete el Reino de Dios, está pensando como judío, el reino de los cielos en los evangelios no es el paraíso después de la muerte, es la acción de Dios reinando sobre el mundo ahora.

Una mejor manera de leer la bienaventuranza es. “-Dichosos ustedes que son pobres de espíritu porque tienen a Dios como rey”-

1.            Felices los pobres. Son felices los que no confían en sus riquezas ni tienen al dinero como dios (Mt.6:19-24). Ellos, los que confían solo en Dios, son los pobres, no en el sentido de personas que viven en la miseria, sino de gente que logró sacudirse de la esclavitud del dinero y el consumismo. Estos son los que depositan todas sus preocupaciones en Dios y Él se preocupará de ellos, reinará sobre ellos.

2.            Felices los que lloran. Esta bienaventuranza está inspirada en Isaías 61. Donde se promete consuelo, gloria y alegría a los afligidos, en lugar de luto. En Isaías 61, los  que sufren son los que están sometidos a la opresión. Jesús conoce el corazón de su gente, ellos también sufren opresión en todo sentido, el Maestro les promete que esta consolación si bien es futura, ya está comenzando a darse en esta comunidad de discípulos.

3.            Felices los sometidos. La palabra “manso”, está inspirada en el Salmo 37, en hebreo es “Anawim” que se refiere a una persona muy pobre, que perdió todo. El salmo donde se inspira Jesús, se refiere a personas que por la opresión que sufren perdieron sus tierras. Para el judío, perder su tierra es perder su libertad y dignidad.

Jesús sabe que en su tiempo, muchos han perdido todo en manos de los Romanos, por eso promete que ellos recuperarán la tierra.

Algunos biblistas discuten sobre esta promesa, algunos creen que es la tierra prometida, otros una promesa a sus contemporáneos, pero ni es la tierra prometida, ni es tampoco una promesa literal de recuperación de tierras a gente de su época (Pues la historia dice que nunca la recobraron).

Recuerden que para un judío, tener un pedazo de tierra era signo de ser libres y tener dignidad. Lo que Jesús promete, es que en esta nueva comunidad de discípulos, si han perdido de manera injusta todo, se le restaurará su “Tierra”, es decir, su libertad y su dignidad, que son la plataforma para volverse a levantar en la vida.

4.            Felices los que tienen hambre y sed de justicia. Para el hebreo, justicia se define como acciones justas entre los hombres. Esta bienaventuranza resume las dos anteriores. Una persona que no come ni bebe está muerta. Los que viven estableciendo la injusticia con su prójimo son “muertos”. En cambio lo que practican la “Justicia” (del hebreo “Zedaqá”) seguirán teniendo una vida con sentido.

5.            Felices los misericordiosos. Ahora comienza el otro grupo de tres bienaventuranzas, las que son promesas de acciones positivas.

La misericordia no es un sentimiento en las palabras de Jesús, son acciones concretas.

“Felices los que prestan ayuda a los demás, porque Dios los ayudará”.

6.            Felices los de limpio corazón. Jesús rescata la tradición de algunos Salmos (Sal.24-51) donde la limpieza de corazón era la condición para estar frente a Dios en su templo. Jesús deja de lado todos los ritos judíos necesarios para ir al Templo y concluye que la única condición para ver a Dios es tener el corazón limpio. En el lenguaje hebreo, el corazón tenía que ver con el carácter.

Tener el corazón limpio es no tener dobles intenciones con los demás.

Según Jesús  en Mt.15:19, del corazón sucio salen todas esas acciones que perjudican al prójimo.

Si ayudar a otro es una acción externa, esta se basa en la disposición interna de los limpios de corazón, que buscan el bien del otro.

7.            Felices los que trabajan por la Paz. En el lenguaje judío “paz” no es ausencia de guerra, el shalom es un estado de bienestar completo. Jesús está invitándonos a trabajar por el bienestar del mundo, de promover las buenas relaciones, el respeto, la ayuda, la solidaridad y la justicia. Estos son los llamados “hijos de Dios”. Para el judío, ser hijo de alguien no es solo una cuestión  genética, el hijo es hijo porque se comporta como su Padre.

 

8.            Felices los que padecen persecución. Aquí termina el bloque de bienaventuranzas. Imaginen una comunidad que se comporta de esta manera, que se niega a que el dinero sea su dios, que son una comunidad alternativa que da alegría al que sufre, que tratan con verdadera dignidad a los que camina de la otra vereda de la felicidad, que ayudan a los que perdieron todo. Una comunidad que presta socorro a los desvalidos, que lucha por la justicia, será una comunidad que incomodará a su entorno. Será una contracorriente. Por lo tanto, sufrirá persecución.

 

9.            Felices serán cuando por mi causa los persigan. Jesús termina las bienaventuranzas con este epílogo. Así como a los verdaderos profetas persiguieron por ser una molestia, a esta comunidad también perseguirán. Jesús termina con una doble invitación, “Gócense y alégrense”, porque cuando sucedan estas cosas negativas, lo que están diciendo estas circunstancias es que ustedes son “profetas” de Dios.

Si se fijan, la alegría que proviene de Jesús no es un analgésico espiritual para evadir los dolores del mundo. No, la alegría que viene de Jesús, solo viene producto de vivir una vida como él la vivió.

Cuando sus discípulos viven la vida como Jesús la vivió, experimentan el gozo de saber que son una fuente de alegría para muchas personas que perdieron la esperanza, producto de las tragedias de la vida.

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